
Una residencia de personas mayores, primera hora de la noche. Una interna con una enfermedad terminal ha empeorado repentinamente y refiere dolor y molestias. ¿Es necesario llevarla al hospital? ¿Hay que sedarla? ¿Qué se puede hacer para reducir su malestar? Es solo un ejemplo ficticio, pero situaciones como esta se dan a menudo en residencias. Saber valorar rápidamente la situación y tomar la decisión correcta es fundamental para evitar molestias a las personas enfermas, reducir las estancias en hospitales y evitar el sufrimiento. Es aquí donde se hace imprescindible contar con una formación avanzada especializada en Cuidados Paliativos, una formación que sin embargo no siempre está presente a ese nivel superior en el personal de las residencias.
Partiendo de los conocimientos que se pueden encontrar en el Máster semipresencial en Cuidados Paliativos que lanzamos la Universidad de Málaga y Fundación Cudeca, repasamos tres claves imprescindibles para saber gestionar con empatía el final de la vida para las plantillas profesionales que trabajan en residencias de mayores
Conocer la situación de últimos días
Decía el filósofo estoico Séneca que lo que nos quita la vida no es la muerte, sino el temor de ella. Reducir este temor, y el sufrimiento asociado a él, es una parte importante de los cuidados paliativos y cobra un significado especial cuando se trata de atender a personas que están en el último tramo de su existencia. Saber reconocer los estadios de una enfermedad terminal o crónica y sus características cobra una importancia especial en este tipo de centros. Según los datos del IMSERSO, aproximadamente 300.000 personas viven actualmente en residencias de mayores en España. Es un porcentaje relativamente pequeño de todas las personas mayores de 65 años, pero no hay que olvidar que son en muchos casos las que requieren de unos niveles de asistencia y cuidados mayores.
Fomentar la eficiencia y el trabajo en equipo
Los estudios realizados en residencias de mayores muestran que la presencia de programas de Cuidados Paliativos reduce el sufrimiento evitable en las personas ingresadas, tanto desde un punto de vista físico como emocional, además de disminuir el uso de servicios de emergencia y mejorar la calidad de la muerte, entre otros beneficios importantes. Para lograr estos efectos positivos es necesario que las actividades del equipo asistencial se coordinen no solo entre los diferentes profesionales que lo atiendan en su día a día, sino también con los familiares del paciente y con las propias expectativas y deseos de la persona atendida. Este equilibrio requiere dominar no solo la respuesta profesional propia, sino el modo en que se relaciona con el paciente de una manera holística. Es aquí donde entran los planes integrales de cuidados paliativos. Una herramienta imprescindible para el trabajo del día a día que permite a los profesionales aunar esfuerzos y coordinarlos correctamente para obtener los mejores resultados.
Dominar los síntomas más habituales
El dolor es sin duda una de las preocupaciones principales para las personas que tienen que lidiar con enfermedades crónicas o terminales. Saber gestionarlo de un modo correcto y rápido es fundamental. No se trata solo de saber cuándo debe sedarse un paciente, sino de qué manera debe llevarse a cabo esa sedación. Lo mismo ocurre con otros síntomas habituales en estos casos. Las dolencias pueden afectar a diferentes sistemas del cuerpo y todo el equipo de paliativos debe reconocer los síntomas, y saber identificar las actuaciones de emergencia. Todo ello se deriva de un conocimiento especializado en las necesidades de los pacientes y en la manera de gestionar la enfermedad, huyendo de la obstinación terapéutica que puede llevar a alargar el sufrimiento de las personas y simplificando los tratamientos para ganar en comodidad y calidad de vida.